Archivado en: t_eatro | Etiquetas: blanca portillo, chejov, teatro rosalía de castro

La obra dirigida por José Carlos Plaza se basa en el diálogo, íntimo y fuera de todo tiempo y espacio, de dos aclamadas figuras de las obras de Chejov: Sonia (Tio Vania) y Andrei (Tres hermanas). Los conocidos actores Blanca Portillo y Helio Pedregal dan vida a los únicos personajes de la obra… que como tal, no cuaja, no consigue elevarnos y transportarnos lejos del patio de butacas. Tal vez nos falte amor, o conocimiento sobre la obra del escritor ruso.

El planteamiento inicial de la obra nos parece sumamente interesante. El hecho de situar a los personajes mucho tiempo después, de conectar dos obras distintas de un mismo autor, y de interrelacionar y poner en sintonía sus sentimientos y esperanzas, nos resulta una premisa estimulante y muy atractiva.
Pero a pesar de la meticulosa y esforzada actuación de Blanca y Helio, la obra no consigue la empatía del espectador, que más o menos amante de la obra de Chejov, debe tener derecho a empaparse de las historias y salir transfigurado. Esto último desgraciadamente no lo logramos en nuestro rincón del Teatro Rosalía de Castro viendo Afterplay. Tuvimos, eso sí, la ocasión de disfrutar de momentos de ternura, de tensión y de un sentido del humor hecho de materia universal, gracias a unos excelsos personajes.
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